jueves, 20 de julio de 2017

ESTE JUEVES...........................MI MIEDO Y YO



   Pepe nos convoca este jueves y nos invita hablar sobre nuestros miedos ante cualquier situación, sean racionales o no. Yo tenía muchos miedos que he ido superando poco a poco, aunque hay algunos que se resisten a abandonarme. La historia que cuento aquí es casi real y me ha sucedido estas vacaciones.
   Podéis leer todos los relatos pinchando Aquí

   Hacía tiempo que deseaba enseñar a mi hijo la isla donde viví durante doce años antes de que él naciera. Me hacía mucha ilusión llevarle a  los sitios que yo conocía y que no eran tan frecuentados por los turistas. Por eso, venciendo mi miedo a conducir por carreteras peligrosas, empinadas,  estrechas y llenas de curvas cerradas en las que apenas hay visibilidad, decidí alquilar un coche y llevarlo a aquella playa que casi nadie conocía excepto los habitantes de la isla.
   Cuando después de la penosa carretera llegamos abajo era  la hora de comer.  El único restaurante que había  en el pueblecito era pequeño y un poco oscuro, pero ya era muy tarde y teníamos hambre. Había un par de personas en la barra y todas las mesas, menos una, ocupadas. Nos sentamos y pedimos pescado de la zona, concretamente cabrillas, y papas arrugadas con mojo. Todo perfecto hasta que empezamos a comer. A mi hijo le gustaba el pescado, las papas y el mojo, lo que no le gustaba tanto era la cucaracha que vio en la columna de madera que estaba a nuestro lado. Era pequeña, de las que tanto abundan en las cocinas de la isla. La observamos con miedo de que se lanzara hacia nosotros. Mirando con atención, nos dimos cuenta de que había bastantes más que campaban a sus anchas por la columna y por una gruesa cuerda que pertenecía a la decoración marinera del restaurante y que pasaba por encima de nuestras cabezas. Mi hijo  se puso nervioso y yo también, aunque intenté disimularlo. No sabía qué hacer. Por un momento sopesé la posibilidad de llamar al dueño y montarle un numerito, pero mi timidez y mi miedo a hacer el ridículo me paralizaron más que mi asco por las cucarachas. ¿Cuál de mis dos miedos se impondría sobre el otro? Mi hijo me miró a mí, yo lo miré a él y los dos miramos a las cucarachas que, desafiantes, nos miraban  a nosotros moviendo sus repulsivas antenas. Retiramos la mesa de la columna intentando no llamar demasiado la atención y nos juntamos los dos en el lado de la mesa más alejado. Intentamos comer lo más deprisa posible sin quitar el ojo en ningún momento a los asquerosos bichos. El límite llegó cuando una de ellas saltó desde la columna hasta la mesa a la vez que noté un ligero cosquilleo en la pantorrilla. Me dio  igual llamar la atención del concurrido restaurante. Pegando un grito me levanté haciendo caer la silla hacia atrás  con un ruido espantoso. Mi hijo me imitó y, cogiendo rápidamente  las mochilas, salimos huyendo despavoridos sin abonar la cuenta y gritando como posesos hasta llegar a la playa luminosa, donde nos tiramos en la arena presos de un ataque de risa producido sin duda por  el miedo que pasamos  y que  me veo incapaz de superar.
   




26 comentarios:

  1. aaaajjjjjj qué asco! más que miedo esos bichos me provocan espanto y repugnancia! justificada estaba la escena y que se hayan ido sin pagar! Qué disgusto habrán pasado, pobres!
    =(
    Un abrazo

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    1. Pues sí, la verdad es que donde vivo ahora no hay tantas cucarachas como hay en Tenerife, y había olvidado un poco la repulsión que siento por ellas...
      Lo de irnos sin pagar ha sido un recurso literario jajaja....tampoco he superado ese miedo!

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    2. Jajaja hubiera estado justificado! 😂

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  2. Bueno desde luego la excursión no salió por el incidente de los bichitos todo lo bien que prometía , no me extraña que salieran corriendo y sin pagar la cuenta , mira es lo menos pq realmente un poco guarretes los del restaurante no!!!. en fin lo importante es que disfrutaste con tú hijo de la bonita playa de tú niñez.
    Un fuerte abrazo y feliz día.

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    1. Como he vivido allí muchos años, sé que esas cucarachas ( son pequeñitas no esas grandotas)son muy difíciles de erradicar y a veces aparecen aunque el sitio esté limpio...
      Aun con ese incidente la excursión mereció totalmente la pena.

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  3. El miedo me ha acompañado toda mi vida. Supero unos y llegan otros.Esos bichos no me producen más que una ligera repulsión, pero un leve ruido desconocido en el silencio de la noche dispara mi adrenalina todavía, a mis años,y me tapo hasta las orejas, como cuando era pequeña...
    Nauthiz

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    1. Como bien sabes, cada uno tenemos nuestros propios miedos...hay gente que tiene miedo a los lagartos y tú los coges como si tal cosa je,je.

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  4. Es entendible esa salida alarmada de ambos. Creo que los dueños la preferieron a recibir quejas por las condiciones del lugar. El miedo es justificable.
    Bien contado.
    Un abrazo.

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    1. Gracias Demiurgo, como he contado antes lo del final me lo he inventado un poquito jejeje...tendríamos que haberlo hecho pero no lo hice, también me daba miedo...

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  5. ¡Hola! ¡Aish! Si hay algo que me pueden son las cucarahcas, asco, pánico, miedo, no sé, pero yo veo una y no puedo comer, me cuesta compartir la misma habitación que una >.< bien en irse de esa manera, un lugar lleno de cucarachas merece una salida así, no hay higiene que dure con las cucarachas rondando >.< Muy buen relato <3

    ¡Un abrazo!

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    1. Pues sí, lo pasé mal también por mi hijo que ha heredado de mí ese miedo....pero ahora nos reímos cuando lo recordamos!

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  6. A mi también las cucarachas me dan entre miedo y asco, no sé qué domina a qué. No me extraña que salieran despavoridos.
    Un abrazo

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    1. Salíamos despavoridos pero después de abonar la cuenta jajaja, no me atreví a irme sin pagar. De todas formas, como he dicho antes, lo del final no es del todo cierto...

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  7. Me has hecho recordar las enormes cucarachas de Nicaragua (que ademas volaban) y como era mi hijo de diez años quien corría a cargarselas cuando se me ponían por medio. Muy bien escrito y yo tambien me hubiera ido sin pagar. Besos.

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  8. Estas que vimos en el restaurante eran de las pequeñitas que hay en las cocinas, pero en la isla también las hay de esas grandes que vuelan y esas sí que me dan todavía mucho más asco...nunca me acostumbré a ellas en todo el tiempo que viví allí.
    Me hubiera gustado irme sin pagar, pero no tuve valor jejeje.

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  9. Creo que es mezcla de miedo y asco, lo que se rescata es la risa del después :)
    Un beso, Charo

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  10. Pues sí, tienes razón...lo mejor, la anécdota para contar jajajaja

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  11. Más asco que miedo me dan a mí.

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  12. Más asco que miedo me dan a mí.

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  13. Hola, Charo
    Que encantador y tierno me pareció que el deseo de mostrar a tu hijo la isla, te ayudará a vencer el miedo de manejar por esas carreteras peligrosas. Ahora, el miedo al ver esa cucarachas en el lugar donde estaban ingiriendo sus alimentos es más que comprensible. Al menos después del disgusto, disfrutastes con tu hijo la playa.
    !Abrazo!

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  14. Un miedo muy común y generalizado, que es difícil vencer pues tiene el aderezo del asco que esos bichitos producen. No me extraña que salierais de estampida. Ahora bien, una denuncia a sanidad tal vez hubiera sido conveniente para la tranquilidad de futuros clientes.
    Gracias Charo por sumarte a mi convocatoria.
    Un fuerte abrazo.

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  15. Que asco. Yo creo que me hubiese ido sin comer, solo de imaginarmelas corriendo por la cocina. Creo que a esa playa hay que llevarse bocadillos.
    Un saludo.

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  16. Jajajajaja, no se si es real la historia, yo pasé por esa misma experiencia en un "restaurante" mientras el camarero trataba de espantar las cucarachas a latigazos con una servilleta. Puaaafffff que repelús!!
    Un besote

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  17. jajaja Charo coincidimos en "bichos" unos más negros que otros jajajaja. Buenísimo.
    Besos.

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